
Celulosa Argentina recupera volumen industrial con un salto productivo del 288 por ciento
La papelera argentina fabricó 22.654 toneladas en su último trimestre y deja atrás las paralizaciones de 2025 pese a mantener restricciones financieras.
Las máquinas papeleras de Capitán Bermúdez y Zárate vuelven a girar con ritmo sostenido tras un período crítico. Celulosa Argentina fabricó 22.654 toneladas de papeles para impresión y escritura, tissue y pulpa de mercado de eucalipto durante el trimestre finalizado el 31 de agosto de 2026. Este volumen representa un incremento del 288% frente al mismo período del año anterior, marcando una recuperación operativa vital para una de las papeleras más tradicionales del país.
Para la industria, el tonelaje a pie de máquina cuenta una historia más precisa que los estados contables. El espectacular salto porcentual se explica en gran medida por una base de comparación muy baja: durante los meses equivalentes de 2025, las plantas de la compañía sufrieron severas paralizaciones debido a una crisis financiera que asfixió el capital de trabajo. Hoy, la salida física de bobinas confirma que el corazón industrial de la empresa ha sido reactivado.
Alivio financiero entre restricciones estructurales
El retorno a las líneas de producción ha traccionado naturalmente las métricas comerciales. Las ventas netas alcanzaron los ARS 40.926,7 millones, un crecimiento interanual del 129%. Como resultado, la compañía logró reducir su pérdida integral en un 87%, acotándola a ARS 14.196,2 millones frente al rojo masivo registrado durante la parálisis de 2025.
Sin embargo, el entorno operativo sigue siendo complejo. La empresa continúa condicionada por su concurso preventivo de acreedores, un estatus legal que restringe severamente el acceso a líneas de crédito estándar y obliga a la administración a depender de herramientas financieras de corto plazo, como el descuento de valores, para sostener la liquidez diaria.
Costos energéticos y dinámica de mercado
Operar una fábrica de celulosa y papel en el actual contexto argentino exige una gestión de crisis constante. Durante los meses de invierno de este trimestre, las restricciones en el suministro de gas obligaron a Celulosa Argentina a recurrir a combustibles alternativos para mantener las calderas encendidas, lo que presionó los costos de producción. A esto se suma una demanda interna de papeles de impresión y escritura que sigue debilitada por la contracción macroeconómica.
Para compensar la lentitud del mercado local, la papelera se ha apoyado en las exportaciones, aunque estas operaciones externas suelen generar márgenes de contribución más ajustados. Más allá de los desafíos energéticos y las limitaciones financieras, el dato fundamental para el sector es innegable: Celulosa Argentina ha logrado encender nuevamente su maquinaria pesada y volcar más de 22.000 toneladas de producto al mercado.
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